Tenía a mi bebé de pocos meses en los brazos y no encontraba trabajo. No sabía cómo iba a sostener a mi familia. Esa angustia, sin que yo lo supiera todavía, fue el punto de partida de todo esto.
No vengo de la psicología ni de la neurociencia. Soy ingeniera civil industrial. Hice clases durante ocho años. Si algo se repite en toda mi historia es una sola cosa: las ganas de ayudar, buscando dónde ponerlas.
Todo empezó escuchando a mi hermana
Mi hermana es psicóloga clínica de la Universidad Católica, especialista en neurodesarrollo y neurodivergencia, con más de 15 años trabajando con niños, adolescentes y sus familias. Un día me dijo algo que no se me fue de la cabeza: casi no existían herramientas de regulación sensorial pensadas para adolescentes y adultos. Todo estaba hecho para niños, como si regularse fuera algo que se supera con la edad. Y encima, muy pocas personas llegan siquiera a diagnosticarse.
Después empecé a vernos
Mientras aprendía, cambió la forma en que miraba a la gente que quiero. Empecé a notar cómo cada uno percibe y habita el mundo a su manera.
Y en algún momento me reconocí a mí misma. Toda mi vida me han dicho que soy "muy sensible", que siento todo con mucha intensidad. Viví eso sin nombre durante años. Ponerle una palabra —alta sensibilidad— fue encontrar algo que siempre estuvo ahí, esperando ser nombrado.
No me quedé en la corazonada
Soy ingeniera. No me bastaba con sentir que tenía razón. Encuesté a 60 personas para confirmarlo. La respuesta fue clara: querían herramientas discretas, que no las etiquetara ni las hiciera sentir diferentes, y que fueran prácticas de usar y fáciles de limpiar.
De ahí nació todo lo demás. Cada producto —incluidos nuestros lentes, con su marco liviano y su diseño que no grita "soy sensorial"— responde a esa encuesta, a esas voces reales.
Lo que sí soy, y lo que no
No soy terapeuta. No diagnostico. Ese trabajo es de los profesionales de la salud y lo respeto profundamente. Mi lugar es otro: detectar una necesidad que nadie estaba atendiendo, escuchar, y construir herramientas de calidad.
Por eso me tomé el tiempo de buscar proveedores validados, muchos de ellos fabricando aquí en Chile —como nuestras mantas de peso y nuestros aromas. Y detrás de Sensozen hay un equipo que aporta desde la neurociencia, la psicología y el diseño de entornos, guiando cómo elegimos cada producto. Nuestro rol es entregar herramientas y educar. Nunca diagnosticar, nunca tratar.
Y me importa profundamente no patologizar a nadie. No creo que exista una forma correcta de percibir el mundo. Solo formas distintas. Todas válidas.
Mi propósito
De esa angustia inicial —el bebé en brazos, la incertidumbre— nació algo que hoy me llena por completo. Después de años buscando dónde poner mis ganas de ayudar, siento que por fin estoy donde quiero estar.
Por eso nació también el podcast Sensozen, donde converso con terapeutas, fonoaudiólogas, psicólogas, una arquitecta especialista en neurodivergencia y emprendedores neurodivergentes que cuentan su experiencia en primera persona.
Mi sueño
Sueño con que regularse sensorialmente sea tan normal como tomar agua o descansar. Que deje de ser "especial" o exclusivo de quienes tienen un diagnóstico, y se vuelva parte del autocuidado de cualquier persona.
Porque el entorno sensorial nos afecta a todos. Y en un mundo que no para de acelerar, encontrar calma no es un lujo. Es una forma de cuidarnos.
Si esta historia te resuena, te invito a acompañarnos. Cada persona que elige Sensozen no solo se lleva una herramienta: se suma a un proyecto que empezó con un bebé en brazos y un sueño, y que hoy busca un mundo más comprensivo, más calmado, más consciente de cómo sentimos.
Descubre las herramientas de Sensozen →
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